Europa es una gran benefactora de sustancias estupefacientes ilegales, como la marihuana o el hachís. Entre sus principales países productores y exportadores encontramos las famosas regiones de Marruecos, Afganistán, los Balcanes Occidentales, Oriente Próximo y el sur de África.
No obstante, de todos ellos, Marruecos es el principal exportador de hachís según la agencia antidroga de la ONU. Y es más, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes también publicó que la exportación de la resina del cannabis contribuye en un 10% del PIB marroquí.
¿Cuáles son las regiones de Marruecos más famosas para su producción?
Entre las más reconocidas a nivel europeo, Marruecos cultiva mercancía en:
Las montañas del Rif
Gracias a la utilización de satélites y la investigación, se ha descubierto que el valle del Rif marroquí ha destinado el 66% de su superficie agrícola al cultivo de cannabis. Correspondiente a unas 96.600 explotaciones agrícolas familiares. Este hecho, para la naturaleza del Rif es contraproducente, dado que que precisa de intensos abonos que provocan deforestación. Administrativamente, la región del Rif comprende seis provincias marroquíes: Alhuceima, Nador, Uchda, Driouch, Berkane y Taza. Asimismo incluye la ciudad española autónoma de Melilla. Aunque las más notables son Melilla, Alhucemas, Nador, Uchda, Berkan, Midar, Imzouren, Tafersit y Axdir.
Ketama
La villa de Issaguen, tradicionalmente conocida como Ketama, calcula no ganar más de 2000 euros anuales en droga. Los campesinos se quejan de estar bajo el auspicio de las mafias de narcotráfico que les compran sus productos para venderlos. Es una de las regiones en los que el tráfico se convierte en una pesadilla más que un beneficio.
Anteriormente, Ketama era un pequeño complejo de esquí y de veraneo. Pero el desarrollo del cultivo del cannabis en la región la convirtió en centro de tráfico y hacía huir a los turistas. La reapertura de un hotel de 4 estrellas en 2008 señala la voluntad de invertir esta tendencia.
Debido a sus problemas de narcotráfico, el gobierno español desaconseja expresamente viajar a Issaguen o a cualquier lugar situado a menos de 50 km del pueblo, en especial por caminos y carreteras secundarias.
Chefchaouen
Aquí llamado ‘kif’, el consumo del cannabis es una realidad. Este pueblo se encuentra a 50 kilómetros de la frontera y para sus habitantes, el kif es especialmente necesario. Según sus creencias y ritos, sirve para dar la bienvenida, para realizar excursiones psíquicas, para animarse y para regalarse un par de horas de placer. ¿El resultado? Se pasan el día drogados. No obstante. Es importante señalar que en Chefchaouaen no se hallan las plantaciones de cáñamo, sino que este pueblo es sólo el centro del comercio de la marihuana y de sus derivados.
Chauen fue durante siglos una ciudad considerada sagrada, donde se prohibía la entrada a los extranjeros. Por esta razón se ha mantenido con pocas alteraciones toda su fisonomía medieval. Los cambios en la estructura urbana y poblacional de Chauen son muy recientes. Fueron las tropas españolas que abrieron Chauen al tomar el control de toda la zona norte del actual Marruecos para instaurar el protectorado concedido por la Conferencia de Algeciras. Cuando los españoles llegaron, la ciudad tenía una importante población judía sefardíque hablaba judeoespañol.
Norte de Marruecos
El cultivo de cannabis representa, desde hace décadas, una gran fuente de ingresos para las familias pobres del norte de Marruecos, las cuales fueron ignoradas durante por las autoridades en los tiempos de Hassan II. Hablamos en total de unos 800.000 marroquíes que viven de este cultivo ilegal, el cual les asegura un ingreso bruto de 3.600 euros por familia al año. La situación de pobreza obliga a los padres de familia al tráfico de esta sustancia cuya repercusión podría ser la propia cárcel.
Zonas turísticas
Algunas zonas de Marruecos que constituyen la parte más turística, como Marrakesh o Rabat se encuentran mucho más vigiladas respecto al cultivo y consumo de estupefacientes. En ellas, la venta de alcohol es ilegal, partiendo de este hecho, se hace extraño que sí puedan en cambio drogarse con marihuana, pero lo cierto es que la proporción es mucho menos a las zonas del Rif y Ketama. Las razones no son solo turísticas, la extensión agrícola es también menor en estas zonas. Una clara diferenciación entre la ficción creada para el turismo y la realidad que trasciende el conocimiento de los visitantes.
De esta forma, encontramos regiones del norte al sur del país marroquí que se encuentran inmersas dentro de este enorme negocio negro que supone la producción y el tráfico de la droga del cannabis. Es importante tener en cuenta, si se viaja a Marruecos, la normativa que impuso desde su Región y que facilitó el Gobierno de España a los españoles: “El Estado no resultará responsable en modo alguno ni por ningún concepto de los daños o perjuicios que, tanto por la observancia como por desconocimiento o no atención de la recomendación, pudieran ocasionarse a personas o bienes, no considerando dicha recomendación título que ampare reclamación alguna en tal sentido”.
¿Nuestro consejo? Respetar la legalidad es la manera más segura de consumir.
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