Hoy viajamos por Alemania y vamos a hacer esto paseando por las estancias, mitos y verdades de uno de los edificios más fotografiados de Europa. Agarraos porque nos vamos a ver el Castillo de Neuschwanstein y a conocer la historia del Rey Loco. ¡Viaje en el tiempo hasta la construcción que inspiró al mismísimo Walt Disney!

Fotografía de Wiki/Hurricanefreak.
El Castillo de Disneylandia
Pues sí. Ese castillo al que estamos tan acostumbrados desde pequeños, que sale al principio de todas las producciones cinematográficas de la factoría Disney y que se yergue como un sueño en medio de sus famosos parques de atracciones es en realidad el delirio de Luis II de Baviera, el Rey Loco. Pues sí, la Bella Durmiente y toda la corte de princesas Disney le deben el “pisito” al monarca germano y es que cuentan las malas lenguas que, cuando el rey midas de la animación para niños contempló el Castillo de Neuschwanstein, se le encendió la bombilla y ahí lo tenemos, hasta en la sopa de nuestro imaginario infantil.
El Castillo del Rey Loco
Pero tampoco vayáis a pensar que el de Neuschwanstein es el único proyecto de Luis II de Baviera, ¡ni muchísimo menos! El Rey Loco estaba loco por… ¡los castillos! Se ve que en su época LEGO aún no fabricaba piezas, así que a nuestro hombre le dio por hacer sus juguetitos de verdad.
Y es que dicen que este hombre, encorsetado desde pequeño por la educación estricta y autoritaria de sus progenitores, desarrolló una personalidad bucólica y soñadora que le convirtió en una especie de Antoñita la fantástica de los castillos.
Luis II decidió pasar de guerras y reinados, de política y de vasallos y vivir en su propio mundo de fantasía, donde los castillos jugaban un papel más que importante, sobre todo el de Neuschwanstein, que se convirtió en su favorito.

Fotografía de Internet Archive Book Images.
¡Un mundo ideal…!
Desde pequeño el futuro rey, a pesar de la severa educación a la que fue sometido junto a su hermano Otto, prefirió vivir en una realidad paralela. Gustaba de disfrazarse y actuar como si su vida fuese un teatro continuo y ese hecho le acompañó durante toda su existencia.
En ese mundo ideal, el Castillo de Neuschwanstein se convirtió en el escenario perfecto y el teatralismo de su autor llegó hasta sus máximas consecuencias, ya que el proyecto le fue encargado a un escenógrafo de Múnich, Christian Jank. Incluso una vez proyectado, los arquitectos tuvieron mucho que hacer, porque el edificio era reconcebido una y otra vez por Luis II de Baviera, para quien su fabuloso castillo era todo un juguete.
El Juguete de Luisito
En contra de lo que pueda parecer y de la creencia de muchos coetáneos, el juguete de Luisito no le costó ni un marco al estado alemán. El rey decidió dilapidar toda su fortuna en su alocado proyecto y, cuando ya no le quedó más dinero, se enfrascó en más y más préstamos que le llevaron a la ruina total.
Tal fue su nivel de endeudamiento que el propio estado alemán decidió incapacitarle y al Rey Loco le fueron embargados todos sus bienes. Los acreedores llegaron a intentar sacar al rey del Castillo de Neuschwanstein, a donde se había retirado antes de que acabasen las obras, pero Luis montó en cólera y se negó a abandonar la causa de sus desvelos, aunque acabó recluido en otra fortaleza.
La verdad es que el final de su vida, Luis II de Baviera sólo había podido vivir dentro de Neuschwanstein durante poco más de 170 días.
Nada más morir el monarca, quien había ordenado que nadie del exterior debía pisar sus jardines, el Castillo de Neuschwanstein fue abierto al público y con la recaudación de las entradas se pudieron pagar todas las deudas del Rey Loco y… hasta el día de hoy, en que la fortaleza de Luis II es visitada por casi millón y medio de turistas al año y se ha convertido en uno de los edificios más transitados de Alemania.
Un edificio raro, raro, raro.
Nadie puede negar la rara belleza del palacio del Rey Loco, pero Neuschwanstein mantuvo su rareza hasta el final. Como Luis II nunca tuvo intención de edificar una residencia cortesana para recibir visitas, lo cierto es que la mayoría de las estancias son de pega.
Es el caso de la Habitación de las Damas, inspirada en una de las obras de Richard Wagner, el ídolo musical del Rey Loco y amigo personal del monarca. Se dedicó a reproducir lo que salía de la imaginación del músico, a lo que añadía los frutos de su propia cosecha y el resultado era una reproducción teatralista y escenográfica, sin función útil en la vida real.
Pero esa era realmente la intención de Luis II de Baviera, para quien sus castillos estaban inspirados por ese espíritu tan propio del romanticismo y las fábulas de su infancia, centrándose en su concepto de manual para el perfecto caballero medieval.
El resultado es una construcción ecléctica, en la que se mezclan todo tipo de estilos: clásico, bizantino, barroco y hasta los primeros visos de un modernismo precoz. Lo cierto es que en la actualidad, la fortaleza de Neuschwanstein es todo un ejemplo de arquitectura historicista.
Eso sí, apenas un pequeño puñado de habitaciones están preparadas para residir en ellas realmente. No obstante, el espacioso complejo fue empleado en más de una ocasión para fines muy distintos del que tenía previsto su dueño.
Durante la II Guerra Mundial, los nazis destinaron el palacio a guardar las obras de arte expoliadas durante su sangriento dominio. Además también fueron custodiadas allí sus famosas reservas de oro de las que, si te he visto, no me acuerdo.
Después de la guerra, y ya que Múnich había quedado destrozada, el castillo del Rey Loco fue destinado a archivo, en el que se depositaron las ingentes cantidades de documentos que habían quedado sin albergue por la destrucción de la ciudad.
La Octava Maravilla del Mundo Moderno
En 2007 el resultado de los delirios de Luis II de Baviera fue propuesto para su inclusión en la lista de las Siete Maravillas del Mundo Moderno. Sin embargo, el Castillo de Neuschwanstein se quedó a las puertas, concretamente en el octavo lugar.
A pesar de ello hay que decir que el proyecto del Rey Loco ha encandilado a más de uno, desde Walt Disney y su inspiración para el castillo de la Bella Durmiente, hasta el mismísimo Andy Warhol, que lo reprodujo en una de sus litografías.
Ha salido en películas, en series televisivas, en sagas de anime, en todo tipo de sellos de correos, en monedas y hasta era la bonificación especial de un popular juego de PC. Como verás, en tu viaje por Europa y Alemania, no puedes dejarte atrás el selfie con el Castillo del Rey Loco como telón de fondo.
