Desde su inconfundible color anaranjado, hasta los más deliciosos matices que aportan los espumosos blancos italianos, la del Spritz es la historia de un cocktail cult que ha sabido resistir el paso del tiempo y acomodarse a la llegada de la modernidad. Este cóctel de culto italiano se ha extendido por Europa y se ha convertido en uno de los aperitivos favoritos de la juventud.

Fotografía de Luca Vanzella.
Historia de un cocktail cult
No vayas a creer que por muy moderno que te parezca el spritz nació ayer o lo has descubierto tú. Nada de eso. Estamos ante todo un antológico de la coctelería, un trago sin igual con sus añitos a las espaldas. De hecho y aunque no están bien delimitados los orígenes, parece ser que fueron los soldados del Imperio Autrohúngaro, a finales del siglo XIX, quienes contagiaron la afición a los italianos.
La dominación autrohúngara hizo mella en el Véneto y la Friuli-Venecia Julia. ¡Prestad atención porque esto es historia pura… pero con mucho sabor! En especial fueron Venecia y el Trieste las que sucumbieron al sabor del spritz, aunque aquí han sabido coronarlo con los buenos matices del famoso prosecco, el vino blanco espumoso de L’Italia.
Pronto la bebida corrió, como no podía ser de otra manera, como la espuma y también se aficionaron a ella los habitantes de Padua y Treviso. De todos modos, la International Bartenders Association sigue denominando esta copa con el nombre oficial de Spritz Veneciano.
Los soldados no eran tan aguerridos
Aunque el Imperio Austrohúngaro fue recordado por la bravura de sus soldados, lo cierto es que parece que el paladar lo tenían un poquito delicado y los vinos de la zona del Véneto les parecía demasiado fuertes y con mucha graduación alcohólica.
Para evitar las soberanas melopeas que descubrieron a su llegada a Italia, los soldados decidieron empezar a aguar el vino, pero con agua carbonatada. Es así, básicamente, como nace el Spritz y de este modo tan ‘cuqui’, los valientes soldados austriacos rebajaron el contenido alcohólico del vino veneciano y pudieron consumirlo con más tranquilidad.
A la vez que conseguían una bebida más suave, los germanos consiguieron un cóctel de culto al que bautizaron como Spritz, que deriva del verbo spritzen que es como los austriacos dicen ‘rociar’.

Fotografía de Duncan Hull.
El Cóctel Cult
El cóctel como tal nació de todos modos, entre la segunda y tercera década del siglo XX, cuando en la Feria Internacional de Padua se decidió una especie de mestizaje. Así, de la fusión entre l’Aperol italiano y la costumbre autrohúngara quedó constituido oficialmente el spritz.
El éxito fue arrollador y desde luego se acabó convirtiendo en un cóctel de culto que se extendió a otros países europeos. Hoy en día se sirve en dos versiones: la clásica y otra con toques bitter. Desde la década de los 70, el Spritz se ganó la popularidad en todos los sentidos y… ¡hasta el día de hoy en que parece vivir una segunda o tercera juventud!
Cómo preparar un Spritz
Nos ponemos la ropa de barman y a fardar con los amigos como el mejor mixólogo de la pandilla. Atento a los ingredientes:
- Aperol o Campari
- Soda
- Prosecco
- Rodaja de Naranja
- Un par de aceitunas
- Hielo

Fotografía de Matt Brown.
Vamos a utilizar un vaso ancho, aunque es cierto que cada barman suele emplear su propio sistema y también son partidarios de servirlo en copa o vaso corto, dependiendo de cuánta graduación prefieran.
Ponemos en el interior del vaso una rodajita de naranja (también se admite limón) o un par de aceitunas. A algunos les gusta combinar naranja y aceitunas. Es cuestión de gustos.
A la hora de elaborarlo, seguiremos la receta oficial de la International Bartenders Association
- 60 mililitros de Prosecco
- 40 mililitros Aperol o Campari
- Un chorrito de agua de seltz
Por último incorporamos el hielo y ya tenemos lista nuestra deliciosa bebida. Date el gusto de una tarde entre amigos compartiendo un cocktail cult en L’Italia.
